Las palabras que crecen

    Algunas veces puedo notar como las palabras crecen en mi cerebro haciéndose grandes y visibles como si fueran rótulos en una estación de tren, o monitores en un aeropuerto. 


    Surgen de una niebla espesa de reflexión, una mezcla entre dolor añejo e intensidad emocional presente, un compost de exageración, la intensidad salpicada de nostalgia y apatía, sin freno, sin perdón, sin comparación.


    Surgen a borbotones, como espumoso agitado después de un triunfo y sin que éste se haya producido; pero con la misma violencia de un gas agitado, estos vocablos quieren expandirse y salpicar sin clemencia a quien haya destapado sus oídos y enjuagado sus ojos. Casi hirientes, insensibles, egoístas, atronadores. 


    Así llego hasta aquí, porque ya no se puede contener, no cabe en cajitas fabricadas con el más dulce amor, no cabe en un cuerpo tan menudo, no atiende a razones ni argumentos, no me deja en paz. Esta hinchazón de PALABRAS CRECIDAS se me está atragantando.


    Por lo tanto, aquí brotan.

Comentarios